En el artículo “¿En que puede consistir ser “buen” profesor?”, se indica que, entre otras, las características esenciales para llegar a ser un “buen profesor” son su grado de compromiso, la especial dedicación a las tareas educativas, además del talante negociador y su especial cariño hacia los alumnos, además de una buena relación con los distintos miembros de las comunidad educativa, así como determinadas características personales como el entusiasmo, la pasión y la perseverancia.
La educación ayuda a aprender a aprender y aprender a convivir, aunque el mensaje universalista de la escuela pública es apostar por la convivencia con las personas “especiales”, aquellas que presentan algún tipo de discapacidad o deficiencia cognitiva.
El principal problema que podemos encontrar en la formación inicial y la permanente es su carácter excesivamente teórico, ya que se aleja de la realidad, en contraposición con aquella que parte de las experiencias reales y conocimientos del alumnado, proporcionando un aprendizaje más significativo y, por tanto, útil, fácil de asimilar y poner en práctica.
Actualmente, en la etapa de Educación Infantil existe una fuerte presión por parte de la sociedad hacia los niños, pues se pretende que estos lleguen a la etapa de primaria sabiendo leer y escribir correctamente, a pesar de que esto no sea obligatorio dentro del ciclo comprendido entre los 0 – 6 años. Cabe destacar que uno de los objetivos más destacables de la Educación Infantil es la importancia del desarrollo de la competencia comunicativa como instrumento principal del pensamiento, es decir saber comunicarse oralmente de forma más o menos correcta, lo que será esencial para adquirir los aprendizajes que conforman la etapa siguiente.
Finalmente, cabe destacar el papel que los padres juegan en esta etapa, pues, aunque la presión que realizan hacia los maestros es cada vez mayor, la preocupación de estos por la enseñanza es más bien escasa. Hoy en día, en la mayoría de los casos, los padres no muestran ninguna atención a la educación que se le imparte a sus hijos dentro del aula. Normalmente, consideran el centro como un lugar en el que dejar a sus hijos para que se les impartan una serie de conocimientos y que se les eduque, sin embargo no debemos olvidar que “nuestra casa es nuestra primera escuela y nuestra escuela es nuestra segunda casa”, es decir, la escuela no es un sitio donde educar a los alumnos, sino donde trasmitirles unos conocimientos, enseñarlos a desenvolverse en el mundo real, enseñarlos a pensar y a vivir en sociedad. Sin embargo, podemos argumentar que si no existe una estrecha relación entre las familias y el centro no se podrá llegar a una enseñanza de calidad, pues los pilares están constituidos por una buena comunicación y coordinación entre el centro, el docente y la familia, por tanto cuando uno de ellos falla el progreso y la enseñanza del alumno se ve truncada.
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